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Voluntad y Testamento de Dios

Una última voluntad y un último testamento entran en vigor con la muerte de la persona que hizo el acuerdo. Eso es lo que pasó con el testamento de Dios. Jesús es Dios hecho carne. Jesús era inocente pero, de acuerdo al plan de Dios, fue arrestado, juzgado y sentenciado a muerte. Antes de ser arrestado, Jesús celebró la cena de Pascua con sus discípulos. Al tomar la copa de vino, les dijo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre” (1 Corintios 11:25b). Jesús no había cometido ningún pecado por el cual tuviera que morir, sino que fue a la cruz cargando en su cuerpo nuestros pecados, y allí derramó su sangre mientras sufría el castigo que nosotros merecíamos.


Pero la muerte no pudo retenerlo. Al tercer día Jesús resucitó, venciendo así el poder del pecado, la muerte y el diablo. Nosotros no podemos ganar el perdón de Dios por nosotros mismos, pero Dios nos regala en forma gratuita su perdón porque Jesús ya pagó el precio con su muerte en la cruz. A esto se le llama GRACIA, que es el favor de Dios hacia nosotros, favor que no merecemos. Gracias a la muerte y resurrección de Jesús, las riquezas del perdón y la vida eterna de Dios son heredadas por todo el que confía en él.

 CONTENIDO 

 RECURSOS DE CRECIMIENTO ESPIRITUAL 

> Cursos

> Reflexiones

> Mensajes de Esperanza

> eBooks

> Artículos

> Portal de acompañamiento

> Consejería pastoral

 

LO QUE LA BIBLIA NOS DICE SOBRE...

. . . Jesucristo


“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).


“Él les preguntó: ‘Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?’ Simón Pedro respondió: ‘¡Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente!’” (Mateo 16:15-16).


“Y les dijo: ‘Así está escrito, y así era necesario, que el Cristo padeciera y resucitara de los muertos al tercer día, y que en su nombre se predicara el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando por Jerusalén’” (Lucas 24:46–47).

 


. . . el perdón


“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).


“Te confesé mi pecado; no oculté mi maldad. Me dije: ‘Confesaré al Señor mi rebeldía’, y tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 32:5).


“Tan alta como los cielos sobre la tierra, es su misericordia con los que le honran. Tan lejos como está el oriente del occidente, alejó de nosotros nuestras rebeliones” (Salmo 103:11-12).

. . . la palabra de Dios


“Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16-17).


“Porque la profecía nunca estuvo bajo el control de la voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron bajo el control del Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).


“Así como la lluvia y la nieve caen de los cielos, y no vuelven allá, sino que riegan la tierra y la hacen germinar y producir, con lo que dan semilla para el que siembra y pan para el que come, así también mi palabra, cuando sale de mi boca, no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié” (Isaías 55:10-11).


. . . la enfermedad o la muerte


“Pero él me ha dicho: ‘Con mi gracia tienes más que suficiente, porque mi poder se perfecciona en la debilidad.’ Por eso, con mucho gusto habré de jactarme en mis debilidades, para que el poder de Cristo repose en mí” (2 Corintios 12:9).


“Jesús le dijo: ‘Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente’” (Juan 11:25-26a).


“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni las potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor que Dios nos ha mostrado en Cristo Jesús nuestro Señor” (Romanos 8:38-39).

 

. . . el miedo o la preocupación


“El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién podría yo temer? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿quién podría infundirme miedo?” (Salmo 27:1).


“La paz les dejo, mi paz les doy; yo no la doy como el mundo la da. No dejen que su corazón se turbe y tenga miedo” (Juan 14:27).

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en todos los problemas” (Salmo 46:1).
. . . la fe “Ahora bien, tener fe es estar seguro de lo que se espera; es estar convencido de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).


“Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Ésta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios; ni es resultado de las obras, para que nadie se vanaglorie” (Efesios 2:8-9).


“Así, pues, justificados por la fe tenemos paz con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1).
 

. . . la oración


“De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad, pues no sabemos qué nos conviene pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Romanos 8:26).


“Estén siempre gozosos. Oren sin cesar. Den gracias a Dios en todo, porque ésta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:16-18).


“Tú, Señor, estás cerca de quienes te invocan, de quienes te invocan con sinceridad” (Salmo 145:18).

Cristo para Todas Las Naciones   /  Ciudad de Panamá  . Tel: (507) 260-3464  .  cptlnpanama@gmail.com    
Un ministerio de La Hora Luterana   /   2019  Todos los Derechos Reservados 
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