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El uso creativo del conflicto, en la pareja



Todos quisiéramos vivir sin conflictos, pero esto es un sueño. La realidad es que éstos nos acompañarán toda la vida, y es bueno aprender a vivir con ellos, y mejor aún, a solucionarlos. Estos conflictos emergen como síntomas de un mal más profundo, siendo el más grave de todos, nuestro pecado que nos separa de Dios.


El conflicto es una realidad ineludible en nuestra vida. Veamos entonces las siguientes pautas que nos pueden ayudar en la solución creativa de los mismos:


a. Primer paso

Debemos reconocer el conflicto como una oportunidad para crecer. Todas las crisis de la vida abren dos caminos: la posibilidad de cometer un error y no madurar, y la oportunidad de solucionar la crisis y “crecer”. Dios mismo utiliza el conflicto en nuestra vida para obligarnos a examinarnos a fin de crecer en entendimiento y paciencia; Él quiere que todos maduremos. Por lo tanto, no tengas temor a las pruebas, ya que son una oportunidad para crecer. San Pablo en su carta a los Corintios dijo: “Ustedes no han pasado por ninguna prueba que no sea humanamente soportable. Y pueden confiar en Dios, que no les dejará sufrir pruebas más duras de lo que pueden soportar. Por el contrario, cuando llegue la prueba, Dios les dará también la manera de salir de ella, para que puedan soportarla”. 1 Corintios 10:13


Esto es un consuelo. Esperar los conflictos tanto con nuestra pareja como con los hijos, permite prepararnos para las “batallas” futuras. Sólo que ahora buscaremos que todos los miembros de la familia salgan ganando. El conflicto como oportunidad de crecer tiene su expresión máxima durante la adolescencia. Esta es la época en que nuestros hijos tendrán sus conflictos personales en el paso de la niñez a la edad adulta. También es una etapa de muchos conflictos con los padres. Debemos tener en cuenta que esta edad tan conflictiva es normal en el desarrollo de nuestros hijos, pero requiere esfuerzo y dedicación de ambos para aprovechar juntos estos momentos tensos para aprender a resolver conflictos constructivamente.


b. Segundo paso

Hay que identificar las áreas de conflicto en nuestra familia. Para esto es preciso sentarse a reflexionar con criterio maduro y anotar en un papel, en forma clara, las diversas conductas específicas en las cuales te sientes en conflicto con tu pareja u otro miembro de la familia.


Como padres debemos unir nuestros esfuerzos para identificar las áreas de conflicto con nuestros hijos. Mamá podrá ayudar a papá a identificar las áreas de conflicto con los hijos y viceversa. Una vez identificadas, debemos conversar abiertamente con el hijo con quien exista el problema. Si hay que pedirle perdón, no tenga reparos en hacerlo, ya que ésta será la mejor lección que un padre pueda dar.


c. Tercer paso

Es importante acordar un tiempo para tratar los conflictos uno por uno. Esto quiere decir que como pareja van a apartar un tiempo determinado para tratar, sin interrupciones, cada uno de los conflictos que tengan en ese momento.


Lo mismo haremos con los hijos. El dedicar un cierto tiempo exclusivamente a nuestros hijos tal vez en un parque o plaza, para discutir con ellos acerca de un problema que surgió, les hará ver que verdaderamente nos interesamos por ellos.


d. Cuarto paso

Expresemos nuestros sentimientos, asumiendo nuestra responsabilidad por los mismos. Esto quiere decir que no tratarán de resolver los conflictos echándole la culpa al otro, sino expresando qué conductas específicas te hacen sentir mal. Ejemplo: “Yo me siento mal cuando tiras la ceniza del cigarrillo al piso”. De esta forma tu cónyuge no se sentirá agredido como persona y estará dispuesto a seguir dialogando. Debemos aprender a ataca al problema y no a la persona.


Dios mismo nos trata de esta forma: su deseo es corregirnos y cambiarnos porque nos ama. Todos los seres humanos le ofendemos, y por eso, ante sus ojos, somos todos iguales. Y no tenemos ningún derecho de juzgar a otros, ya que no somos Dios, ni jueces instituidos por Él para tal fin. Como dijo San Pablo: “Hermanos, si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado.” Gálatas 6:1


Todos somos seres imperfectos y todos necesitamos del amor mutuo para perdonarnos, poder enmendar nuestra vida y crecer. Esta misma regla se debe aplicar en el trato con nuestros hijos.



e. Quinto paso

Hay que aprender a escuchar atentamente a cada miembro de la familia y aceptar sus sentimientos. Esto quiere decir que tu pareja y tus hijos pueden adoptar otra actitud diferente a la tuya ante una misma realidad, y tienen pleno derecho a ello; y quiere decir que tenemos que aceptar y respetar este hecho.


En el trato con los hijos, muchas veces queremos que ellos piensen como nosotros. Esto puede traer inconvenientes, por ejemplo, cuando llega el momento de decidirse por una profesión. También podemos tener diferencias de opinión en cuanto a la moda y la forma cómo los adolescentes desean vestirse. La mejor manera de llegar a un acuerdo es por medio del diálogo, tomando en consideración las opiniones de nuestros hijos.


f. Sexto paso

Es bueno que juntos busquemos soluciones realistas y nos tengamos a ellas. No esperes cambios irreales en tu pareja, ni en tus hijos. Tratemos de llegar a que puedan lograrse de un modo efectivo y sencillo. Por ejemplo: “Javier, me molesta el volumen de tu música, pero si quieres seguir escuchándola, te agradeceré que lo hagas en tu habitación con la puerta cerrada”. En las soluciones que encuentren, ambos deben salir ganando. Imagínate que Alberto llega del trabajo con el ánimo alegre, y quiere invitar a Elisa a un nuevo restaurante. Por su parte, ella había esperado ansiosamente a Alberto, pues quería ir con él a visitar a una amiga que acababa de llegar de viaje. Aquí tenemos un conflicto de intereses. Se puede resolver de varias maneras. Por ejemplo, Alberto dice: “Elisa: podemos ir hoy a visitar a tu amiga, y mañana a comer, o viceversa. ¿Qué prefieres?” De esta forma ambos salen ganando al cumplirse sus planes.


Es importante tener esta consideración con nuestros hijos en el área escolar. A menudo esperamos demasiado de los muchachos. Debemos ser más realistas y amarlos por lo que son, y punto, y no porque se comporten de tal o cual manera. Resolver los conflictos requiere involucrarnos directamente con ellos y acompañarlos en sus deberes.


g. Séptimo paso

Siempre podemos orar a Dios, pidiendo su ayuda para lograr los cambios acordados. Dios es el creador de la familia y nos promete acompañarnos todos los días de nuestra vida para renovarnos y hacernos personas más conscientes y amorosas. De esta manera Él mejora al mundo que nos rodea.


Es indispensable contar con la ayuda de Dios para la solución de nuestros conflictos. Orando y reconociendo delante de Dios nuestras debilidades en familia, nuestros hijos aprenderán desde temprana edad a buscar la ayuda de Dios y a reconocer la fragilidad humana.


h. Por último

No son éstos los únicos conflictos que se nos presentarán. Recuerda que los conflictos siempre nos acompañan y debemos estar preparados para reconocerlos y resolverlos de una manera creativa y armoniosa. Es necesario que dispongamos una fecha determinada para evaluar los resultados de la solución de los conflictos y hacer los reajustes necesarios. Esto nos ayudará a enfrentar otros con madurez y una actitud positiva.


Extracto del folleto La Pareja,

producido por © 2010 CPTLN - Revisión 2018 Todos los derechos reservados.



 


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