Un gusanito llamado "Envidia"

En la mente de los que observan de cerca las relaciones humanas queda muy poca duda con respecto a que la envidia es una de las causas principales de infelicidad y que las personas se desprecien a sí mismas. Los que tienen envidia nunca están contentas con lo que son y con lo que tienen. Se sienten mal consigo mismas por cuanto no son las personas a quienes envidian y desprecian sino por el hecho de que no poseen lo que tienen las personas a quienes envidian.



La envidia es el deseo de tener lo que la otra persona posee. No es sencillamente el anhelo de la misma clase de cosas que otra persona posee; la persona envidiosa quiere despojar a la otra de alguna cosa con el propósito de poseerla de manera completa y única. El sentir envidia te quita la oportunidad de ser feliz, te produce resentimiento y un malestar creando en ti raíces de amargura que si no lo atiendes a tiempo crecerán produciéndote desdicha.

Es importante reconocer que hay por lo menos dos puntos para romper la cadena que lleva a una conducta envidiosa: Prevenirla y una vez empezado cortarla o minimizarla.


Cuando con más frecuencia se previene la conducta envidiosa, menos habrá necesidad de frenarla; y cuando se frena, con más frecuencia, pronto se podrá prevenir.


Para modificar tu conducta envidiosa y que puedas salir de esa situación conflictiva en que te encuentras, te ofrecemos las siguientes sugerencias:


  • Admite que la envidia es un sentimiento negativo que te produce infelicidad y deteriora tus relaciones en todas las áreas de tu vida. Solamente confrontándola como mala conducta podrás superarla. La Biblia nos aconseja que “no seamos orgullos, ni sembremos rivalidades ni envidias entre nosotros (Gálatas 5:26).

  • Confiesa la envidia como una mala conducta. En la Palabra de Dios leemos “si confesamos nuestros pecados, podemos confiar en que Dios hará lo que es justo: nos perdonará nuestros pecados y nos limpiará de toda maldad (1 Juan 1:9).

  • Pídele a Dios que te elimine la envidia de tu corazón. Dios nos asegura que si pedimos cualquier cosa conforme a Su voluntad, él no solamente nos oye, sino que nos otorga lo que le solicitamos (1 Juan 5:14-15). Cristo nos brinda esperanza, aun cuando estamos ante situaciones difíciles que alimentan nuestra frustración. Podemos ver esas situaciones como lecciones para nuestro crecimiento personal.

  • Agradécele a Dios por su misericordia, por su perdón, por su poder y su ayuda para entender tu conducta y deseos de superación, esto te llevará a renovar tus fuerzas para experimentar un cambio total en tus sentimientos. Y reflexiona en Su Palabra.


El que sufre de envidia vive en un círculo vicioso que produce ansiedad y culpa, es hora de que digas “alto” a esta situación estresante. La ansiedad es una señal que te indica que debes relajarte para mejorar tu condición física, mental y espiritual. Aprende a eliminar los factores negativos y para eso nada mejor que descansar en Dios y meditar sobre versículos de las Sagradas Escrituras y confiar en la providencia de Dios. Puedes leer por ejemplo: “Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza; nuestra ayuda en momentos de angustia (Salmo 46:1).


Dios, nuestro Creador, perdona y nos capacita para vivir con esperanza, entusiasmo y propósito en la vida. De esta forma Él nos da la oportunidad y la fortaleza para crecer como personas, tener un saludable concepto de nosotros mismos y poder ser instrumentos del amor y la paz de Dios.


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Extracto del folleto ¿Cómo vencer la envidia?, de Cristo Para Todas Las Naciones (subsidiaria de Lutheran Hour Ministries, en Panamá).

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