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Los Milagros de Jesús

hace 8 minutos
5 min de lectura

Fuera de todas las personas en la historia humana, ¿por qué nosotros buscamos respuestas a nuestras preguntas sobre Jesucristo? Primero, Jesús no es una figura ficticia de una leyenda antigua. Él es una persona históricamente real que realmente nació, realmente vivió, y realmente realizó milagros registrados en la Biblia. De hecho, nadie ha hecho más milagros que Jesús. Nadie se le acerca. Segundo, Jesús Mismo era un milagro.


La Biblia dice que no era solamente un ser humano, era también Dios. A manera de comunicar Su amor por nosotros, Dios el Padre envió a Jesús Su Hijo a vivir entre nosotros como uno de nosotros aquí en la tierra.  Ahora eso es un milagro. No es de extrañar que Jesús sea relevante aún hoy día. Enfoquémonos en esta pregunta: ¿Por qué Jesús realizó milagros? Descubriremos tres razones:


 

Las curaciones de Jesús liberaron de un problema físico a las personas


Los cuatro Evangelios del Nuevo Testamento incluyen referencias a más de sesenta casos de curaciones físicas. No aparecen en los Evangelios informes de cosas como bocios, rigidez de cuello, ni removidas adicciones por alcohol, estos tipos de curaciones son mas bien reclamados por los que hacen una profesión de ello hoy. Las curaciones como éstas pudieron haber sucedido, pero los escritores del Evangelio informan sobre cómo manos marchitas retoman su forma normal, cómo los ojos ciegos vuelven a ver, oídos sordos que vuelven a oír, defectos del habla que son eliminados, cómo los leprosos son sanados, cómo una oreja cortada es sanada totalmente.

 

Además, el mayor de estos eventos se registró con detalle, hay muchos versículos en el Nuevo testamento que recuentan curaciones milagrosas. Marcos dice, “Allí Jesús sanó a mucha gente que tenía diferentes enfermedades, y también expulsó muchos demonios. Pero no los dejaba hablar, porque ellos lo conocían.” (Marcos 1:34). Juan lo dice así “Jesús hizo muchas otras cosas, tantas que, si se escribiera cada una de ellas, creo que no cabrían en el mundo todos los libros que serían escritos.” (Juan 21:25). No cabe duda, la mayor parte del ministerio de Jesús era liberar a muchas personas de grandes enfermedades físicas. Sin embargo, aún en los tiempos de Jesús, las personas vivieron con y sin milagros. Por ejemplo, Jesús enfrentó Incredulidad en su pueblo de origen "Nazareth".  “Y poniendo las manos sobre los enfermos, Jesús sanó a algunos de ellos; pero no pudo hacer ningún otro milagro” (Marcos 6:5).


Necesitamos recordar que aquellos que fueron sanados por Jesús finalmente fueron víctimas de algún problema físico que le causó la muerte. Su milagrosa sanación no los hizo inmunes a futuros sufrimientos. Ellos estaban sujetos a las limitaciones de un mundo imperfecto. Aún eran vulnerables seres humanos aún ante los milagrosos cambios que Jesús había hecho en sus condiciones.

 

Además de liberaciones físicas, las curaciones milagrosas realizadas por Jesús debían cumplir con las profecías.


Cuando Mateo describió cómo Jesús alivió a la suegra de Pedro, después de haber curado y limpiado a otros, él dice, “Así, Dios cumplió su promesa, tal como lo había anunciado el profeta Isaías en su libro: "Él nos sanó de nuestras enfermedades". (Mateo 8:17). Las curaciones milagrosas ocurrieron dentro de un contexto cuyo propósito era muy grande, uno que Dios había dispuesto desde la creación del mundo: liberarnos de nuestra culpa y maldad.


Para asegurarle a Juan el Bautista que Él era el Mesías prometido, Jesús le dijo a los discípulos de Juan,  “Regresen y cuéntenle a Juan todo lo que ustedes están oyendo y viendo: Ahora los ciegos pueden ver y los cojos caminan bien. Los leprosos quedan sanos, y los sordos ya pueden oír. Los que estaban muertos han vuelto a la vida, y a los pobres se les anuncia la buena noticia de salvación.” (Mateo 11:4-5). Estos hechos fueron una prueba para Juan de que Jesús era el Salvador que Dios había prometido que Él enviaría. Pero la misión del Salvador era traer más que alivio a las enfermedades físicas que atormentaban a las personas. Él vino a sufrir por nosotros. Él soportó golpes y la crucifixión para que nosotros pudiéramos ser perdonados. Fue sujeto de muerte física de modo que pudiéramos ser perdonados ante Dios. Vino a hacer más que sanar el cuerpo de personas. Vino a realizar grandes milagros que afectarían los cuerpos y las almas, el milagro de la salvación, el milagro de restaurarnos a una relación de perdón y compromiso con Dios.

 

Esto nos lleva a un tercer punto sobre los milagros de curaciones sobre Jesús. Fueron acciones de “dinámico perdón”. Estos “trabajos poderosos”  pueden ser un sinónimo a los milagros realizados por Jesús. La frase viene de la palabra Griega “dunameis” la cual es la raíz de las palabras en Inglés dinamita y dinámico. En Lucas 10:13, Jesús dice, “Habitantes del pueblo de Corazín, ¡qué mal les va a ir a ustedes! ¡Y también les va a ir mal a los que viven en el pueblo de Betsaida! Si los milagros que hice entre ustedes los hubiera hecho entre los que viven en las ciudades de Tiro y de Sidón, hace tiempo que ellos habrían cambiado su modo de vivir. Se habrían vestido de ropas ásperas y se habrían echado ceniza en la cabeza para mostrar su arrepentimiento...” Corazín y Betsaida fueron ciudades en el Mar de Galilea donde Jesús había hecho los milagros.


Jesús estaba haciendo Sus “trabajos poderosos” de curaciones con un gran propósito, traer a las personas al punto donde recapacitaran en sí mismos como pecadores, se arrepintieran de sus vidas pecadoras y luego aceptaran el perdón que Jesús les ofrecía. Los milagros fueron demostraciones de una vez más el gran poder que está detrás de ellos, el perdón de los pecados.  Decir que estos milagros eran de un “dinámico perdón”, o el perdón en acción,  significa que a través de ellos el perdón invadía el corazón de los sanados y las personas que habían sido testigos de ellos. El cojo que luego saltaba, el que era ciego caminando a zancadas sintiendo una gran confianza, el que era un leproso y que ahora no se disculpaba por estar vivo, la mujer encorvada que ahora caminaba derecha frente a los hombres y Dios. Todo esto fue más que cambios físicos. El perdón había tocado sus vidas y les había dado una oportunidad de tener un cambio exterior paralelo al cambio interior.

 

Cuando un milagro toma como lugar el centro del escenario, o cuando no toma ningún lugar, podemos ver un gran mensaje en la parte de atrás de ese escenario, un mensaje que no podemos dejar de pasar “PERDON” y “SALVACIÓN”.*


Próximo artículo de la serie: Viviendo con los Milagros y los No Milagros




Autor: Rodney A. Kvamme | Extraìdo del folleto Cuando oramos por un Milagro | © 1980 por The International LLL. Edición revisada © 1998. por The International LLL.





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