Guiando a mi adolescente



La adolescencia puede ser un tiempo de conmoción y turbulencia. La rebelión contra la autoridad y contra los convencionalismos es algo que debe ser esperado y tolerado por el bien del aprendizaje y el crecimiento. Su comportamiento encaja con su fase del desarrollo. El propósito de la adolescencia es el de conformar la personalidad. Su personalidad esta pasando por los cambios requeridos que van de la organización de la infancia, pasando por la desorganización de la adolescencia hasta alcanzar la reorganización de la adultez. La pubertad es un período de “locura creativa” en la cual cada adolescente tiene que rehacer su personalidad. Tiene que liberarse de los lazos infantiles de sus padres, establecer nuevas identificaciones con los de su edad y encontrar su propia identidad.


Cuando él se mira en el espejo a menudo se pregunta, ¿Quién soy yo? ¿Tiene miedo de ser un “don nadie”, una imitación del viejo palo”, no tanto para desafiar a sus padres, sino para experimentar su identidad y autonomía?


Muchos adolescentes tienen un radar interno que detecta lo que causa irritación a sus padres. Si éstos valoran la pulcritud, el adolescente, será descuidado, su habitación desordenada, su vestimenta desaliñada y su pelo largo y despeinado.


Si se les insiste en buenos modales, interrumpirán las conversaciones, se expresarán con malas palabras y eructará delante de quien le acompañe.


Los confundidos padres responden con una secuencia de medidas desesperadas. Primero, haciéndose los duros. Cuando esto falla, pasan a la actitud bondadosa. Al no obtener ningún resultado tratan de poner en práctica el razonamiento.


Cuando la persuasión gentil no es escuchada por unos oídos sordos, se recurre a las reprimendas para luego volver a las amenazas y al castigo.


Esto constituye la manera de operar de una sociedad de frustración mutua. ¡Muchos hemos pasado por eso!


En un sentido verdaderamente real no se puede preparar al adolescente para el futuro. Sólo se le puede ayudar a manejar el presente, ya que no puede haber una preparación real para las experiencias más conmovedoras del alma que tenga que vivir un adolescente, como ser rechazado por una persona amada, o que los compañeros de edad los menosprecien, o sentirse sacudido por la muerte de un pariente o un amigo.


Con el afecto y el respeto de sus padres, cada adolescente debe aventurarse solo en su viaje. Los adultos preocupados ofrecen una mayor ayuda, cuando con confianza pueden detenerse a esperar, tal como lo expresa una joven de diecisiete años. “Ahora que recuerdo… parecía que no hacías nada sino estar allí. Pero un muelle parece no hacer nada tampoco, sino permanecer allí quieto, con los brazos siempre abiertos esperando que los viajeros regresen a su hogar.


Extraído del folleto “Orientando a los jóvenes”, Cristo Para Todas Las Naciones.




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