Cuando tenemos que lidiar con el dolor



Al enfrentar las situaciones que nos disgustan, cuando somos privados de algo, o cuando las cosas están fuera de control o simple y llanamente tenemos un dolor físico, nos sorprenderá lo que se manifiesta. Responderemos de varias maneras: podemos sentir angustia, ira, quejarnos y hasta culpar a otros.


Si es una "pena moral" algunas veces no es fácil dejar atrás el pasado y confiar en Dios en el presente. Pero la vida es corta, no hay tiempo para preguntarse interminablemente lo que pudiera haber ocurrido o lamentarse por planes que tuvieron que dejarse a un lado.


En estos momentos es bueno recordar que Dios usa a las personas, las situaciones y las habilidades de nuestra propia personalidad para despertar la comprensión dentro de nosotros y movernos hacia una dirección correcta.


Debemos recordar en medio del dolor que Dios nunca nos deja de amar. Su mayor anhelo es el de tenernos cerca a fin de que recibamos Su consuelo, perdón, esperanza y fortaleza, elementos fundamentales en todo proceso de recuperación.


¿Qué es el dolor?


El dolor es un estado afectivo de contenido depresivo con tendencia a la inhibición. Tanto el dolor físico como el moral tienen grados y por consiguiente, pueden ser más o menos intensos, hasta el punto que el dolor físico intenso pueda determinar la pérdida de la conciencia y el dolor moral intenso desatar estado de locura breve.


El dolor moral en su raíz y evolución, está ligado a una gran gama de estados afectivos. Produce sufrimiento, tristeza, desconfianza, sentimiento inicial de impotencia (aunque pueda revertir en impulso hacia la acción), puede surgir de la ira o provocar estados de ira, provenir del amor o generar amor, provocar y estar íntimamente vinculado con el miedo; de allí que el "miedo al dolor" sea el fruto de una experiencia anterior desagradable.


El dolor es una impresión y sensación desagradable que puede variar en intensidad desde la simple molestia hasta lo insoportable, y en su forma puede ir desde una instantánea irritación hasta un desgarramiento total.


Un distinguido escritor escribió: "Lo que nos altera en este mundo no son las dificultades, sino nuestra opinión de las mismas. La verdadera fuente originadora de todo cuanto nos incomoda, nos irrita, y desgasta nuestras vidas no radica en cosas externas sino nuestra resistencia a la voluntad de Dios expresada por cosas externas".


Sentirnos resentidos y resistir a la mano de Dios es perder una de las más grandes bendiciones espirituales que podemos disfrutar de este lado del cielo.


Sea lo que fuere - vejamen, aflicción, adversidad, irritación, oposición - dolor - no hemos "conocido a Cristo" hasta no haber descubierto que la gracia de Dios es suficiente para todas y cada una de las pruebas.



Algunas veces los aviones tienen que atravesar violentas tempestades. Los ingenieros que diseñan los aviones piensan mucho respecto a tales turbulencias y planifican las naves aéreas de modo que se adapten en el vuelo según las fuerzas de la naturaleza. Por eso las alas de los aviones en medio de una tormenta se doblan y arquean con el viento.


Durante los últimos años ha habido tormentas de grandes proporciones. Las tormentas pueden ser atemorizantes, destructivas y peligrosas. Sin embargo, las tormentas también traen bendiciones. Una tormenta de truenos puede aclarar el aire de humedad y el calor de un día de verano; la hierba se pone más verde después de una tormenta.


Así también son las tormentas que nos aquejan en la vida, vienen y se van, por eso debemos ser flexibles como las alas de los aviones y aprender por sobre todo a confiar y poner nuestra vida al cuidado de Dios, quien con Su maravilloso amor nos guiará en ellas hasta ver la luz final.


Aunque no queremos reconocerlo, tenemos gran temor a las tormentas porque son más poderosas que nosotros.


¿Y tú? cómo respondes en medio del conflicto de tus tormentas. ¿Cómo te comportas cuando de súbito te ves frente a una fuerza que parece ser más fuerte que tú? Por desgracia, cuando la mayoría de las personas se enfrentan a un problema de envergadura, responden tornándose en extremo tenso e inflexible. En la Biblia leemos "En esto se desató sobre el lago una tormenta tan fuerte que las olas cubrían la barca. Pero Jesús se había dormido. Entonces, sus discípulos fueron a despertarlo, diciéndole ¡Señor, Sálvanos! ¡Nos estamos hundiendo! (Mateo 8:24-25)".


Los discípulos tenían miedo ese día en la barca. Estaban seguros que iban a perecer. Pero la misericordia de nuestro Señor prevaleció. Jesús reprendió los vientos, al mar, y le siguió una calma.


Cuando encares las tormentas de la vida no olvides que el poder de Dios y su infinita misericordia prevalecen y nos aseguran de su constante presencia y protección. Él también calma las aguas y tranquiliza las tormentas que sacuden nuestras vidas. Él nos cuida día y noche, en la tormenta y en la calma.


Si tus reacciones son rígidas, hay un método mucho mejor, practica el delicado arte de ser adaptable y elástico en situaciones difíciles, refuerza tu capacidad para resistir las tormentas de la vida e, incluso, permite que trabajen en tu favor y recuerda: confía en Dios, Él te ha dicho "Yo te he amado con amor eterno" (Jeremías 31:3).


Crédito: Extracto del folleto "Venciendo el Dolor".

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