Vidas tocando vidas



Pero recuerden esto: El que poco siembra, poco cosecha; y el que mucho siembra, mucho cosecha. 2ª Corintios 9:6



El dueño de una gran finca le dio una vez a su jardinero unas rosas rojas para que se las regalara a su esposa. Las flores, sin embargo, nunca le llegaron a ella porque esa tarde, en el autobús, el jardinero se sentó junto a una viuda quien le contó que se sentía muy sola. Sabiendo que su esposa lo entendería, el jardinero le dio las rosas a la viuda solitaria en vez de a su esposa y le alegró el día.


Pero la viuda tampoco llegó a casa con las rosas. En la abarrotería, se encontró con una joven que parecía haber estado llorando. Resulta que la madre de la niña estaba muy enferma. La viuda, entregándole las flores a la niña, le dijo: "Dáselas a tu madre; dile que estaré orando por ella esta noche".


Agradecida, la niña las aceptó y se las llevó a su madre. Las rosas alegraron a la mujer postrada en cama, pero ni siquiera ella se las quedó. "Son demasiado hermosas para no compartirlas" pensó ella, y cuando su pastor fue a visitarla al día siguiente, ella le dijo: "Me gustaría que estas flores adornaran la iglesia". Entonces el pastor las tomó y las colocó en el santuario donde su congregación pudiera verlas y disfrutarlas. Después del culto, el pastor repartió las rosas a varios de los miembros de la iglesia cuando se despedían. Las rosas se abrieron bellamente una vez más antes de que se marchitaran.


Hay un hermoso poema titulado "Las flores dejan su fragancia en las manos del dador", ¡y eso es cierto! Toda buena acción, toda bondad desinteresada, toda acción bien interesada que proviene de un corazón lleno de fe -un corazón tocado por la abundancia que el Señor nos ha dado gratuitamente- bendice y toca a quien lo da y multiplica el don.


Como un efecto dominó, cuando una piedra es arrojada al agua, los círculos que emanan pueden llegar a muchas costas que no vemos. Así es con el amor de Dios para nosotros. La obra redentora de Jesús en la cruz nos llega a través de la Palabra de Dios. Por el poder santificador del Espíritu Santo, somos limpiados y aceptados por Dios mediante la fe en la salvación que Cristo ha ganado para nosotros. La fragancia de Dios, el sacrificio perfecto de su Hijo, se ofrece a todos. Es gratis y está disponible para todos nosotros.


Compártelo en cada oportunidad que tengas.


ORACIÓN: Gracias, Padre, por tu amor. Ayúdame hoy y siempre a tener el valor de transmitirlo. Amén.


Para reflexionar:

* ¿Has recibido un regalo significativo recientemente? ¿Has dado tú alguno?

* ¿Has sigo testigo de algún regalo o buena acción que haya terminado multiplicándose en bendición para muchos?


Tomado del mensaje, "Fragancia en las manos del dador", por un colaborador de LHM-Uganda.


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