Siempre cerca



Cercano está el Señor para salvar a los que tienen roto el corazón y el espíritu. El justo pasa por muchas aflicciones, pero el Señor lo libra de todas ellas. El Señor le cuida cada uno de sus huesos, y ni uno solo de ellos se le quebrará. Salmo 34: 18-20



Sabemos lo que se siente tener el corazón quebrantado y el espíritu aplastado. La muerte de un familiar o de un amigo cercano es desgarradora. Las relaciones rotas y los conflictos familiares también pueden destrozar corazones. Las preocupaciones financieras, la pérdida de empleo y las continuas disputas pueden aplastar el espíritu. Estamos muy familiarizados con "las aflicciones de los justos" y confiamos en el Señor quien está cerca para librarnos.


El Señor sabe lo que significa estar afligido, quebrantado de corazón y quebrantado de espíritu. Experimentó estas cosas mientras vivía entre nosotros. Sus aflicciones fueron muchas, pero por nuestra salvación, no fue librado de ellas; las soportó por nosotros. Como predijeron las Escrituras, "Será despreciado y desechado por la humanidad entera. Será el hombre más sufrido, el más experimentado en el sufrimiento." (Isaías 53: 3a). Mientras el Señor oraba en Getsemaní la noche en que fue traicionado, pidió a sus discípulos que lo apoyaran en medio de la angustia que experimentó y que aplastaba su espíritu y les dijo: "Quédense aquí, y velen conmigo, porque siento en el alma una tristeza de muerte." (Mateo 26: 38b). Pero sus discípulos lo abandonaron y Jesús fue entregado en manos de sus enemigos. Fue condenado a muerte y clavado en una cruz, sufriendo en nuestro lugar la pena de muerte que merecíamos por nuestros pecados.


Al finalizar ese Viernes Santo, los soldados se acercaron para romper las piernas de las víctimas crucificadas y acelerar su muerte. Vieron que Jesús ya estaba muerto, así que no le quebraron las piernas, sino que le traspasaron el costado con una lanza. Se cumplieron las palabras de nuestro salmo de liberación: "Porque estas cosas sucedieron para que se cumpliera la Escritura: 'No será quebrado ningún hueso suyo'." (Juan 19:36). Jesús fue bajado de la cruz y enterrado en una tumba sellada y custodiada. Pero al tercer día después de su muerte, las palabras de este salmo se cumplieron nuevamente en la resurrección de nuestro Señor. El inocente y justo Hijo de Dios se levantó triunfante, liberado de sus aflicciones y de las tinieblas de la muerte.


A través de las aflicciones sufridas por nuestro Salvador, somos liberados del pecado y de la muerte. Cuando nuestro corazón está quebrantado y nuestro espíritu también, el Señor está cerca de nosotros. Él puede, de acuerdo con su perfecta voluntad, librarnos de las aflicciones terrenales. Por su gracia mediante la fe, seremos librados, de una vez y para siempre, de toda aflicción para vivir en su presencia eterna. En el Último Día, seremos resucitados de la muerte, transformados y glorificados en cuerpo y alma, carne y huesos. La promesa de la Escritura se cumplirá: "Aquí está el tabernáculo de Dios con los hombres. Él vivirá con ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos y será su Dios" (Apocalipsis 21: 3b). Estaremos para siempre cerca del Señor quien siempre ha estado cerca de nosotros.


ORACIÓN: Señor, líbrame del mal y mantenme cerca a tu cuidado. Amén.


Para reflexionar:

* ¿Cómo te ha sostenido tu fe en un momento difícil de tu vida?

* ¿Cómo crees que será estar en la presencia de Dios?


Dra. Carol Geisler


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