Seguros en Sus manos



¿Dónde puedo esconderme de tu espíritu? ¿Cómo podría huir de tu presencia? Si subiera yo a los cielos, allí estás tú; si me tendiera en el sepulcro, también estás allí. Si levantara el vuelo hacia el sol naciente, o si habitara en los confines del mar, aun allí tu mano me sostendría; ¡tu mano derecha no me soltaría! Salmo 139:7-10


¿Por qué querríamos huir del Espíritu Santo? ¿Por qué huiríamos de la presencia de Dios? Quizás pensemos que tenemos una razón para hacerlo. Adán y Eva trataron de huir de Dios, con la intención de ocultar su culpa y vergüenza. Al igual que nuestros primeros padres, hay veces en que podemos sentirnos culpables y avergonzados de nuestros pensamientos y acciones. Sin embargo, y por más indignos que nos sintamos de estar en la presencia del Señor, podemos estar seguros de que Él espera ansiosamente perdonarnos.


El salmista David no está realmente tratando de escapar del juicio. Ya ha confesado que el Señor lo conoce por dentro y por fuera, y ciertamente sabe dónde está: "Tu presencia me envuelve por completo; la palma de tu mano reposa sobre mí" (Salmo 139: 5). Por más que lo intentara, David no podía escapar, y lo sabe. Pero su pregunta: "¿Dónde puedo esconderme?" no es un intento de escapar, sino una declaración de seguridad y confianza que también nosotros confesamos. No hay lugar al que podamos ir donde Dios no esté. Si ascendemos al cielo, bueno, por supuesto que Dios está allí. En cualquier lugar al que vayamos en la tierra, norte, sur, este u oeste, la mano poderosa de Dios nos mantiene firmemente sujetos.


Incluso cuando nos "tendemos en el sepulcro" Dios está con nosotros, porque nuestro Salvador Jesucristo ha estado allí antes que nosotros. Jesús tomó sobre sí mismo los pecados que amenazaban con separarnos de Dios por toda la eternidad, cada pecado que nos hace querer correr y escondernos. Por el bien de nuestra salvación, el Hijo de Dios sufrió la pena de muerte que merecíamos por nuestros pecados y se "tendió en el sepulcro".


Pero el lugar de los muertos no pudo contener a nuestro poderoso Salvador y, en la primera mañana de Pascua, Jesús resucitó triunfante sobre la muerte y la tumba, ascendiendo al cielo para reinar como Rey sobre todas las cosas, sobre todo lugar del cielo y de la tierra. Él es el Buen Pastor que dio su vida por sus ovejas, el Pastor que promete: "Las que son mis ovejas, oyen mi voz; y yo las conozco, y ellas me siguen. Y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano" (Juan 10: 27-28). Dondequiera que vayamos, Jesús está allí sosteniéndonos en sus manos.


Dios Todopoderoso y Salvador, dondequiera que vaya, sostenme con seguridad en tus manos. Amén.


Dra. Carol Geisler


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Para reflexionar:


1. ¿Es posible huir — y mantenerse alejado — de Dios?

2. Dios quiere que estemos cerca de él. ¿Qué haces para lograrlo en tu vida diaria?


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