Por amor de su Nombre

Me infunde nuevas fuerzas y me guía por el camino correcto, para hacer honor a su nombre. Aunque deba yo pasar por el valle más sombrío, no temo sufrir daño alguno, porque tú estás conmigo; con tu vara de pastor me infundes nuevo aliento. Salmo 23:3-4


Dra. Carol Geisler


Por lo general nos preocupa nuestra reputación. Queremos que se nos considere como personas honestas, sinceras y trabajadoras. Dios también está preocupado por nuestra reputación y, en la medida de lo posible, quiere que otros piensen bien de nosotros, aunque a veces prefieran calumniar al pueblo de Dios: "Mantengan una buena conducta entre los no creyentes para que, aunque los acusen de malhechores, al ver las buenas obras de ustedes glorifiquen a Dios el día que él nos visite"(1 Pedro 2:12). Dios también está preocupado por la reputación de los demás, por ello ordena: "No presentarás falso testimonio contra tu prójimo" (Éxodo 20:16). Debemos preocuparnos por la reputación de nuestro prójimo y protegerla tanto como la nuestra. Pero esas no son las únicas reputaciones que conciernen a Dios. Él guarda celosamente la santidad de su Nombre. La infidelidad de Israel había provocado que el santo Nombre de Dios fuera profanado y tratado con desprecio entre las naciones, por lo que Dios actuó en misericordia por su Nombre: "Me ha dolido ver que mi santo nombre ha sido profanado ... Pueblo de Israel, no lo hago por ustedes, sino por causa de mi santo nombre" (Ezequiel 36:21a, 22b). Y así, sacó a su pueblo del exilio y reivindicó la santidad de su Nombre. El Salmo 23, salmo de confianza en el Señor, nuestro Pastor, también nos recuerda la santidad y majestad del Nombre de Dios. Por el santo Nombre de Dios, y movido por su gran amor, nuestro Pastor Jesús dio su vida por nosotros. En el bautismo fuimos resucitados a una nueva vida y ahora llevamos el santo Nombre del Dios Trino. Los pecados que causan daño tanto a la reputación de nuestro Señor como a la nuestra son lavados en su sangre y, a cambio, somos vestidos con su justicia. Nuestro Pastor crucificado y resucitado nos guía "por el camino correcto, para hacer honor a su nombre". Seguimos sus pasos por el camino de humildad y santidad que honra el Nombre de Jesús. Ese camino recto un día nos llevará al "valle más sombrío", un valle por donde nuestro Pastor ya ha caminado. Pero incluso en medio de sombras aterradoras estamos a salvo, custodiados por el amor perdonador de Jesús y consolados por las promesas de su Palabra. Cuando este camino terrenal llegue a su fin, una vez más, y por toda la eternidad, seremos marcados con el Santo Nombre: "Al que salga vencedor lo convertiré en columna del templo de mi Dios, y nunca más saldrá de allí. Sobre él escribiré el nombre de mi Dios y el de su ciudad, es decir, de la nueva Jerusalén que desciende del cielo de mi Dios, y también mi nuevo nombre" (Apocalipsis 3:12). ORACIÓN: Querido Pastor, por el poder de tu Espíritu, guíanos por el camino que honra tu santo Nombre. Cuando nos desviemos, perdónanos y restáuranos. Protégenos cuando pasemos por el valle más sombrío para vivir en tu presencia para siempre. Amén.


Para reflexionar:

  1. De los muchos nombres que tiene Dios, ¿cuáles te llaman más la atención?

  2. Entre los muchos nombres de Dios está el de "Pastor". ¿En qué piensas cuando usas ese término?


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