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Fe para la incredulidad


Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño. Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos. Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible. E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad

(Marcos 9:21-24)


Muchas veces en nuestro diario vivir enfrentamos situaciones difíciles. Algunas nos estremecen, otras nos agobian y nos ponen a prueba. Algunas son pasajeras y otras no. Pero aun en medio de todas ellas podemos estar firmes en el Señor. En el texto para hoy vemos a un muchacho siendo atacado por un demonio y a un padre sufriendo al ver a su hijo viviendo esto desde su niñez. Ese demonio quería llevar al joven a la muerte, así que podemos imaginar la agonía del muchacho al sentir el dolor, tormento y miedo, y la del padre desesperado e impotente ante tal situación.


Lo más probable es que ninguno de nosotros haya pasado por una experiencia así. Pero los demonios tienen diferentes nombres, por lo que probablemente todos hemos vivido momentos en los cuales sentimos como que ya no podemos más, ya sea por una enfermedad, una muerte, una desilusión, traición, adicción, etc. Pero es justamente en esos momentos cuando podemos acercarnos con corazón humilde al Dios todopoderoso, reconociendo que aunque el enemigo nos quiera matar, nuestro amado Jesús vino para darnos vida.


Así como el padre en este pasaje le respondió a Jesús: "¡Creo! ¡Ayuda mi incredulidad!", así podemos nosotros también confesar nuestra debilidad y pedirle a Jesús que ayude nuestra incredulidad aumentando nuestra fe. Porque el creer es un regalo divino que recibimos de la gracia amorosa de nuestro Dios.


Padre amado, gracias por enviar a tu Hijo Jesús al mundo no solo para salvarnos, sino también para ayudarnos en el camino de esta vida. Te pedimos que por tu Espíritu Santo ayudes nuestra incredulidad, aumentando cada día más nuestra fe hasta llegar al hogar eterno. Amén.


Para reflexionar:


* ¿En qué momentos has sentido o sientes que tu fe no es suficiente?


* En esos momentos, ¿a quién recurres por ayuda?


Diaconisa Erica Jofre

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