Esperando



Señor, dame a conocer tus caminos; ¡enséñame a seguir tus sendas! Todo el día espero en ti; ¡enséñame a caminar en tu verdad, pues tú eres mi Dios y salvador! Recuerda, Señor, que en todo tiempo me has mostrado tu amor y tu misericordia. Salmo 25:4-6

Estamos acostumbrados a esperar. A veces podemos disfrutar esperando si la espera es por algo bueno. En otras ocasiones, la espera es tediosa y quizás preocupante, pero eso no cambia el hecho de que tenemos que esperar: por las vacaciones o visitas, por citas, en la fila de una tienda o junto a la cama de un ser querido en el hospital. Aunque estamos acostumbrados a esperar, es posible que seamos algo menos pacientes cuando se trata de esperar al Señor. Esperamos respuestas y acción ahora mismo, olvidando que los tiempos de Dios y los nuestros no son iguales. Los salmos hablan de nuestra necesidad de esperar. "¡Espera en el Señor! ¡Infunde a tu corazón ánimo y aliento! ¡Sí, espera en el Señor!" (Salmo 27:14). "Guarda silencio ante el Señor, y espera en él;" (Salmo 37:7a). Los salmos también nos recuerdan el tiempo del Señor en comparación con el nuestro: "Para ti, mil años son, en realidad, como el día de ayer, que ya pasó; ¡son como una de las vigilias de la noche!" (Salmo 90:4). Nuestro salmo de hoy expresa el anhelo que podemos sentir mientras esperamos que Dios actúe: "Todo el día espero en ti". El pueblo de Dios siempre ha esperado. Dios prometió enviar a Su Ungido, el Mesías. Llamó a Abraham para que fuera el padre de la nación en la que nacería el Mesías. Pero incluso Abraham tuvo que esperar con fe, "sin haber recibido lo que se les había prometido, y sólo llegaron a ver esto a lo lejos" (Hebreos 11:13b). Muchas generaciones después, la promesa se cumplió y el Mesías nació en Belén. Durante su ministerio terrenal, Jesús el Mesías también esperó. El Evangelio de Juan informa repetidamente: "Su hora aún no había llegado" (Juan 7:30b). Finalmente llegó la hora. Se cumplieron las promesas de Dios "desde la antigüedad". Jesús fue crucificado, ofrecido como el sacrificio perfecto por los pecados del mundo. Su cuerpo fue bajado y enterrado en una tumba prestada. Sin entender aún la promesa de Jesús de resucitar, los discípulos se escondieron atemorizados, esperando ser arrestados y asesinados como había sido su Señor. Pero la de ellos fue una espera breve: solo tres días, porque el tercer día, la primera mañana de Pascua, Jesús se levantó de entre los muertos como lo había prometido. Con Él se levantó la promesa cierta y segura de nuestra resurrección a la vida en el Día Final. Mientras esperamos el regreso de Jesús y el día de nuestra resurrección, aprendemos sus caminos y voluntad en las verdades de su Palabra. Él nos guía por el Espíritu Santo a caminar por sus sendas. Sabemos que podemos confiar en su misericordia y su amor inquebrantables que "son desde el principio". Esperamos ansiosamente a nuestro Salvador "todo el día", y mientras esperamos, oramos: "¡Ven, Señor Jesús!" ORACIÓN: Señor Jesús, consuélanos con tu Palabra en todas las circunstancias de espera ansiosa. Llénanos de esperanza y de la certeza de que siempre cumples tus promesas. ¡Ven pronto, Señor! Amén. Dra. Carol Geisler

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Para reflexionar:

  1. ¿Confías en los consejos de otros, o prefieres guiarte por tu propia experiencia?

  2. ¿Qué tan bueno eres esperando que suceda algo? ¿Cuándo eres más impaciente?

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