¿Esconderlo?



Por lo tanto, como nosotros tenemos tal esperanza, actuamos con plena libertad. No actuamos como Moisés, que se cubría el rostro con un velo para que los hijos de Israel no se fijaran en el fin de lo perecedero. ... Por lo tanto, puesto que por la misericordia de Dios hemos recibido este ministerio, no nos desanimamos; por el contrario, renunciamos a lo oculto y vergonzoso, y no andamos con engaños, ni falseamos la palabra de Dios, sino que por medio de la manifestación de la verdad nos recomendamos a toda conciencia humana delante de Dios. Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, lo está entre los que se pierden; ... Porque Dios, que mandó que de las tinieblas surgiera la luz, es quien brilló en nuestros corazones para que se revelara el conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo. 2 Corintios 3:12-13; 4:1-3, 6


Cuando Moisés trajo los Diez Mandamientos desde el monte Sinaí, la gente al pie de la montaña se asustó al ver que su rostro resplandecía con la gloria de Dios. Pero Moisés hizo que se acercaran para escuchar el mensaje de Dios y, después de eso, se cubrió el rostro con un velo. La única vez que pudieron ver el rostro de Moisés fue mientras les dio el mensaje de Dios. El resto del tiempo su rostro estuvo cubierto.


No está del todo claro, pero parece que Moisés hizo eso para que no pudieran ver cómo la gloria se desvanecía y tuvieran así problemas con su fe. Entonces, solo pudieron ver su rostro en su forma más gloriosa, cuando acababa de estar en la presencia de Dios.


Algunos cristianos hacen algo similar incluso hoy en día cuando muestran su mejor lado los domingos en la iglesia: las sonrisas, el lenguaje apropiado, la conversación cuidadosa que hace que parezca que tienen sus vidas completamente bajo control y sin pecado, sin arrebatos de ira, sin tentaciones continuas, sin dudas, sin preocupaciones, sin problemas familiares.


Pero sabemos que no es así, por más velos que arrojemos sobre nuestra vida para ocultar la gloria que se desvanece. Todavía pecamos. Estamos destrozados. Necesitamos ayuda. Necesitamos a Jesús, nuestro Salvador, todos los días de nuestras vidas.


Y entonces Dios nos invita a vivir no como Moisés, sino como Pablo, como personas que están dispuestas a mostrar sus defectos y debilidades, confiando en que Jesús nos ha redimido con su vida, muerte y resurrección, y que su Espíritu Santo, en forma lenta pero segura, nos está transformando a la gloriosa semejanza de Jesús. No necesitamos escondernos ni avergonzarnos de lo que Dios está haciendo en nuestras vidas.


ORACIÓN: Querido Señor, ayúdame a relajarme en tu amor, sabiendo que estás obrando incluso cuando mis defectos y debilidades se manifiestan más. Amén.


Dra. Kari Vo


Para reflexionar:

  • ¿Qué aspectos de tu vida estás más tentado a esconder de tus hermanos en la fe?

  • ¿En qué oportunidad has visto la gloria de Dios brillando a través de la vida de un cristiano?

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