Dios acoge a todos



Posiblemente muchos de nosotros quedamos desesperados, con la conciencia pesada, pesando: “¿Quién soy yo para que el Señor del universo se preocupe por mí? Yo no tengo ninguna oportunidad, estoy perdido, soy solamente uno en medio a billones para que sea recordado por Él”. En otros casos parece lo contrario. El orgullo hace con que un hipócrita se sienta tan lleno de sí mismo que se considera capaz de conquistar su Salvación por sus propios recursos. En ambas situaciones el error es total. No existe distinción entre personas, ni merecedores, ni indignos. Nadie se ilusione con méritos propios. Solamente hay Salvación por medio de Cristo. Y nadie se considere tan desgraciado que no merezca el perdón para sus muchos errores. El amor de Dios es tan grande que acoge a todos. Verdaderamente hay Salvación para todos, pero solamente por medio de Cristo.


Oremos: Señor Jesús, gracias por Tu sacrificio a mi favor. Haz con que yo siempre crea solamente en Ti. Amén.


Lectura: “Pues el Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10).



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