Cuando las cosas no van bien



[Daniel dijo] "Mi Dios envió a su ángel para que cerrara las fauces de los leones y no me hicieran daño. Y es que delante de Dios soy inocente, y aun delante de Su Majestad, pues no he cometido ningún mal." Daniel 6:22



Este versículo nos sitúa en un momento histórico de la vida de Daniel. Su amor por Dios era mayor que su propia vida. Incluso mientras se enfrentaba a las temibles mandíbulas de los leones, confiaba en que el Dios fiel de sus antepasados, el mismo Dios que separó el Mar Rojo, el Dios de las promesas cumplidas, sería su protector. Enfrentar a los leones no fue fácil para Daniel. No era un superhombre con poderes especiales para dominar a los leones o hacerlos desaparecer. Pero era un hombre de fe, y la fuente de su seguridad provenía de la confianza en el Dios todopoderoso.


El miedo a perder la vida puede tentarnos a rendirnos, a olvidar nuestros principios y valores, e incluso nuestra fe. Enfrentar el dilema de elegir entre la vida en este mundo y la vida que viene a través de la fe en Jesús nos da una perspectiva única. Jesús dijo: "¿De qué le sirve a uno ganarse todo el mundo, si pierde su alma?" (Mateo 16:26a).


Daniel confió en Dios, lo que no solo aseguró su vida terrenal, sino que también le ganó el respeto del rey Darío y la posibilidad de que un imperio reconociera y adorara al único Dios verdadero. Con respecto a esto, en un decreto, el rey persa escribió: " Porque él es el Dios viviente; él permanece por todos los siglos, y su reino no será jamás destruido. ¡Su dominio perdurará hasta el fin! El salva y libra, y hace señales y maravillas en el cielo y en la tierra. ¡Él es quien ha salvado a Daniel de las fauces de los leones!" (Daniel 6: 26b-27).


El Dios que cerró la boca de los leones es el mismo Dios que abrió la tumba y resucitó a Cristo de entre los muertos. Él es nuestra fuerza en tiempos de debilidad y nuestra esperanza cuando desesperamos. No importa lo que la vida te depare, Dios es más grande que tus circunstancias y temores. Confía en él. Él nunca falla. Él nunca abandona. Y Él comprende todo lo que estás pasando.


Y quién sabe mejor que Jesús: aquel que llegó a ser como nosotros, cargó con nuestros pecados y dolores y los llevó a la cruz. Él sabe lo difícil que puede ser la vida. Él nos dice: "Estas cosas les he hablado para que en mí tengan paz. En el mundo tendrán aflicción; pero confíen, yo he vencido al mundo" (Juan 16:33).


ORACIÓN: Padre Celestial, ayúdanos a enfrentar a los leones que nos acechen con la seguridad de tu protección y amor. En el nombre de Jesús, oramos. Amén.


Para reflexionar:


* ¿Qué "león" has tenido que enfrentar últimamente en tu vida? ¿Cómo te fue en esa lucha?

* ¿Alguna vez has apoyado a alguien que estaba lidiando con problemas abrumadores? ¿Qué hiciste para ayudarle?


Wendy Pérez, voluntaria de LHM en Panamá


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