Cuando el mundo se arregle




"Así ha dicho el Señor de los ejércitos y Dios de Israel, a todos los cautivos que permití que fueran llevados de Jerusalén a Babilonia... Procuren la paz de la ciudad a la que permití que fueran llevados. Rueguen al Señor por ella, porque si ella tiene paz, también tendrán paz ustedes." Jeremías 29: 4, 7



Este verano mi familia y yo hicimos un viaje largo en carretera. En el camino, escuchamos La Comunidad del Anillo, el primer libro de la trilogía de libros "El Señor de los Anillos" de J.R.R. Tolkien. Fue publicado en 1954 y es una fantasía literaria clásica sobre la gran batalla entre el bien y el mal. Mucha gente se ha familiarizado con la historia a través de las adaptaciones cinematográficas. Pero, haciendo honor al viejo cliché, el libro es mejor. Es porque, en el libro, el autor se toma el tiempo para detenerse en lo bueno, hace pequeñas paradas en el camino que son recordatorios de la bondad perdurable del mundo, incluso en medio de la batalla contra el mal.


En la película, hay principalmente escenas de batalla. Pero en el libro hay un ritmo. Hay momentos de lucha y sufrimiento, pero también temporadas de descanso y paz, señales de que la historia está dirigiéndose a una época en la que "el mundo se enmendará" (The Fellowship of the Ring, pág. 154).


Todo esto es similar a la historia que formó a Jeremías, el profeta, cuya carta escuchamos en la lectura de hoy. Pero es diferente porque la historia de Jeremías es real y la de Tolkien es inventada. Sin embargo, como cristiano, Tolkien tomó gran parte de la inspiración para su libro del Libro de Dios. Y al igual que Tolkien, Jeremías sabía que vivía en un mundo creado para el bien por un Dios que es bueno.


La bondad del mundo de Dios se remonta a mucho antes de la batalla contra el mal. Así que la luz del mundo eclipsará la oscuridad. Por eso Jeremías puede decirles a los exiliados que "procuren la paz de la ciudad". Y aunque la batalla contra el mal continúa, Jeremías cree que, incluso estando en cautiverio, Dios quiere que pasen momentos y temporadas de paz mientras trabajan con otros por el bien de la ciudad. Jeremías les asegura a ellos y a nosotros que a pesar del daño que ha hecho el pecado, incluso en los días más oscuros, la bondad de los dones de Dios perdura.


Algunos tratarán de hacerte creer que este mundo es una historia sin autor, que no se dirige a ninguna parte y que termina en oscuridad. Y si ese fuera el caso, lo mejor que pudiéramos hacer es buscar nuestro propio bienestar. Y tratar de disfrutarlo mientras dure. Pero, como seguidores de Jesús, tú y yo vivimos en una historia diferente: la verdadera historia de este mundo.


Para nosotros, el Libro es mejor que cualquier película, porque Dios mismo se ha convertido en un personaje de esta historia. Jesús, el Hijo de Dios, se convirtió en uno de nosotros. Y el Rey que murió y resucitó volverá. Gracias a Él, este mundo va rumbo a ser reparado. Y en el camino, no buscamos nuestro propio bienestar, sino el bienestar de los demás, de la ciudad, del barrio, de las personas que nos rodean.


ORACIÓN: Padre, una vez declaraste que el mundo era "bueno", y en Jesús, lo estás haciendo bueno de nuevo. En esta batalla espiritual en curso contra el mal, ayúdame a permanecer en el bien. En el nombre de Jesús. Amén


Para reflexionar:


* ¿Qué te ayuda a recordar y vivir en la verdadera historia del mundo?

* ¿Qué puedes hacer en tu vecindario para reflejar la esperanza de que este mundo está siendo reparado en Jesús?


Rev. Dr. Michael Zeigler, Orador de La Hora Luterana




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