Cómo relacionarte con Dios como Padre
- Cristo para Todas Las Naciones
- 28 may
- 4 min de lectura
Actualizado: 17 jun

Si quieres que tu hijo tenga una relación con Dios, un buen lugar para comenzar es teniendo tú una relación con Dios. ¿A qué me refiero con esto? A depender de Dios. Como padres y abuelos cristianos, a menudo estamos tentados a ser más autosuficientes que quienes dependen de Dios, pensando que tenemos el control. Asumimos que estamos solos en la crianza de nuestros niños, incluyendo el desarrollo de su salud espiritual.
Sin embargo, el ejercer nuestra paternidad junto con Dios significa hacer un alto para apoyarnos en Él. En otras palabras: recordar que no tenemos que hacerlo solos. Podemos hacer una pausa en cualquier momento del día o la noche para pedirle ayuda o claridad, para tener una mejor perspectiva o para preguntarle cuál es su plan. Muchas cosas buenas suceden cuando hacemos una pausa en medio de nuestra agitada paternidad.
- Hacemos una pausa para llamar a Dios
Todos los padres pasamos por momentos de agotamiento físico y espiritual. Atendemos a nuestros hijos, trabajamos, mantenemos la casa, lidiamos con peleas y discusiones, tomamos decisiones en una fracción de segundo. ¡Es realmente agotador! Es por ello que es esencial que hagamos una pausa para estar con Dios. Hablar con Dios, escuchar su Espíritu, recordar sus palabras de la Biblia… todos estos momentos de comunicación nos refrescan. Se supone que el pueblo de Dios debe llamarlo en las pruebas y momentos difíciles de la vida:
“Mi socorro viene del Señor, creador del cielo y de la tierra.”
Salmo 121:2
Dios está dispuesto a escucharnos, ayudarnos, consolarnos y guiarnos. Las 24 horas del día los 7 días de la semana, tenemos acceso ilimitado a la guía de Dios a través del poder del Espíritu Santo, nuestro ayudante y consejero. Este versículo del Salmo 121 me ha sido tan reconfortante que lo he memorizado. Me recuerda que siempre puedo hacer una pausa para pedirle ayuda a Dios. El Salmo 32:8 dice que Dios no nos quita los ojos de encima. Eso me encanta. Él ve tus luchas y tu inseguridad. Él quiere tener una relación viva contigo todo el tiempo. Es refrescante hacer una pausa para hablar con Dios.-
-Hacemos una pausa para recordar que Él está obrando
Hay cosas que nosotros como padres debemos hacer y responsabilidades que debemos cumplir para ayudar al crecimiento espiritual de nuestros hijos. Pero la obra de transformación le pertenece a Dios. Esto hace que la tarea de nutrir espiritualmente a nuestros hijos se sienta menos pesada y abrumadora: algunas cargas no son nuestras para llevar. A veces tenemos que hacer una pausa para recordar que Dios es quien obra en nuestros hijos. Dios comienza su obra, la hace crecer y la completa. Como escribió Pablo:
“Estoy persuadido de que el que comenzó en ustedes la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.”
Filipenses 1:6
Es profundo no solo considerar las implicaciones de esa verdad para nuestra vida (¿Qué está obrando Dios en mí?), sino también considerar sus implicaciones en la vida de nuestros hijos (¿Qué está obrando Dios en mis hijos?). Si bien es cierto que los padres y abuelos tienen responsabilidades y roles importantes, sin la ayuda de Dios todos nuestros esfuerzos son en vano.
“Si el Señor no edifica la casa, de nada sirve
que los edificadores se esfuercen.”
Salmo 127:1ª
Mientras realizamos las tareas maravillosas, inspiradoras y a veces agotadoras involucradas en la crianza de nuestros hijos, es importante que hagamos una pausa de vez en cuando para recordar que Dios está obrando en nosotros.
- Hacemos una pausa para reflexionar sobre el carácter de Dios
También es importante a veces hacer una pausa y reflexionar sobre una característica o atributo de Dios. Estos momentos nos sirven para recordar el poder de Dios y alabarle por quién Él es.
La Biblia nos dice que Dios tiene el control, que es accesible, que está presente en todas partes, que todo lo sabe, que todo lo puede, que es sabio, bueno, amable, fiel y amoroso. Y la lista sigue y sigue. Lo importante es que tomemos un tiempo para hacer una pausa durante nuestro día para simplemente reflexionar sobre uno de estos maravillosos atributos de Dios. Tal vez hemos tenido un par de percances como padres y sentimos que hemos fallado.
En medio de esa lucha, podemos hacer una pausa y recordar la gracia de Dios. El hacer un alto para recordar la gracia de Dios nos ayuda a levantar la mirada de nuestras luchas para enfocarla en Dios y adorarlo por lo que es. Lo mismo se aplica cuando estamos confundidos y luchando por discernir el camino correcto a seguir con nuestros hijos: podemos pausar y reflexionar sobre la sabiduría de Dios. El alejarnos de nuestras preocupaciones para recordar que Dios es sabio y que podemos acudir a él para que nos dé claridad, nos refresca y nos da esperanza.
El resultado de estas pequeñas pausas es una creciente dependencia de Dios.
Esto nos ayuda a participar con Dios en lo que Él está obrando en nuestros hijos. Una de las cosas que Dios hace en nuestros hijos es ayudarles a tener una relación personal con Él. Y este es uno de los tres hábitos que el estudio de Barna confirma que conduce a tener una vida espiritual vibrante en el hogar. Entonces, ¿cómo nos unimos a Dios para ayudar a nuestros hijos a tener una relación real y viva con Él? Hay dos ritmos prácticos en los cuales podemos ir creciendo para ayudar a nuestros hijos a aprender cómo orar a Dios y comprender su Palabra. Ellos son:
1. PLANIFICANDO MOMENTOS ESPECIALES
2. APROVECHANDO LOS MOMENTOS COTIDIANOS
Próximo capítulo de la serie: Cómo planificar momentos especiales
Autor: Mary Oldfield | Publicado originalmente por Cristo Para Todas Las Naciones © 2021 - Todos los derechos reservados. A menos que se indique lo contrario, todas las citas bíblicas son de la versión Reina Valera Contemporánea ® © Sociedades Bíblicas Unidas, 2009, 2011.

Mary Oldfield
Mary Oldfield vive en St. Louis con su esposo de 38 años, con quien tiene dos hijas casadas y cinco nietos. Ella se deleita en confiar en Dios para que la ayude a preparar un espacio para que Dios trabaje en la vida de sus nietos. Mary ha sido directora de ministerio de niños y durante 20 años ha equipado y apoyado a los padres que respondían al llamado de ser los principales cuidadores espirituales de sus hijos.
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