Atrapado



Cuando terminó de hablar, le dijo a Simón: «Lleva la barca hacia la parte honda del lago, y echen allí sus redes para pescar.» Simón le dijo: «Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y no hemos pescado nada; pero ya que tú me lo pides, echaré la red.» Así lo hicieron, y fue tal la cantidad de peces que atraparon, que la red se rompía... Cuando Simón Pedro vio esto, cayó de rodillas ante Jesús y le dijo: «Señor, ¡apártate de mí, porque soy un pecador!»... Pero Jesús le dijo a Simón: «No temas, que desde ahora serás pescador de hombres.» Llevaron entonces las barcas a tierra, y lo dejaron todo para seguir a Jesús. Lucas 5: 4-6, 8, 10b-11


Alrededor de una fogata, cuando tenía ocho años, me cautivaron las palabras de mi tío David. Con la forma en que contó esa historia en nuestra reunión familiar, si mi tío hubiera estado pescando, yo hubiera sido un pez atrapado. El tío David murió de cáncer poco después de eso. No recuerdo mucho de él. Pero recuerdo haber estado cautivado por sus palabras esa noche. Él hizo que su historia se convirtiera en una aventura que compartimos juntos.


Los cristianos creemos algo similar acerca de Jesús: que Él es la Palabra de Dios, el Creador hecho carne. Y no solo contó una historia. Él se convirtió en un ser humano y la vivió: para atraparnos y llevarnos a una gran aventura. Desde el día en que Jesús llamó a Simón Pedro y a sus socios de pesca, Jesús ha estado atrapando personas y enviándolos a pescar a otros. Y durante unas sesenta generaciones, eso es lo que han estado haciendo los seguidores de Jesús. Ellos han estado contando y viviendo la historia de Jesús, compartiendo el relato de las maravillas que se hicieron entre ellos, cómo Jesús se entregó a sí mismo para ser crucificado por nuestros pecados, cómo resucitó físicamente de entre los muertos para darnos nueva vida, cómo todavía envía a sus siervos para atrapar a más y más personas. Y como pez en una red, ser atrapado por Jesús significa morir, morir a tus viejas preocupaciones y vivir en Él, a través de Él y para Él.


Ha habido momentos en mi vida en los que sentí que estaba tratando de encontrar mi propio "yo". Y como a mí, tal vez a ti también te hayan dicho que para encontrarte a ti mismo, debes pescar dentro de ti mismo, para resolver las cosas por ti mismo. Pero la verdad contra-intuitiva de Dios es que nos perdemos a nosotros mismos, atrapados en una relación con Jesús, por los demás. No tienes que huir de Él. Él te conoce mejor que tú mismo. Él te ama más de lo que te amas a ti mismo. Él te atrapa para darte el regalo de tu verdadero "yo". Y te está enviando a ir por los demás.


Mi tío David me mostró que ser atrapado o cautivado puede ser algo bueno. David era profesor de matemáticas en una escuela cristiana. Me cuentan que le encantaba entretener a la gente con historias como aquella. Pero, sobre todo, le encantaba contarle a la gente acerca de Jesús, su Salvador. Y por lo general, él encontraba la manera de llevar la historia, la lección de matemáticas o la conversación hacia Jesús. El tío David es uno de las cientos de personas que Jesús ha enviado para atraparme. ¿A quién ha enviado para atraparte a ti? ¿Y a quién te está enviando para que atrapes?


ORACIÓN: Señor Jesús, sigue atrapándome con tu Palabra y metiéndome en tu aventura. Amén.


Para reflexionar:

* ¿Puedes nombrar diez personas que hayan ayudado a que Jesús te "atrape"?

* ¿Puedes pensar en diez personas por las que estás orando o quisieras comenzar a orar para que Jesús las atrape?



Rev. Dr. Michael Zeigler, Orador de La Hora Luterana


 

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