Señalando a Jesús



Juan se presentó en el desierto, y bautizaba y proclamaba el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados. Toda la gente de la provincia de Judea y de Jerusalén acudía a él, y allí en el río Jordán confesaban sus pecados, y Juan los bautizaba. La ropa de Juan era de pelo de camello, alrededor de la cintura llevaba un cinto de cuero, y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Al predicar, Juan decía: «Después de mí viene uno más poderoso que yo. ¡Yo no soy digno de inclinarme ante él para desatarle la correa de su calzado! A ustedes yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo.» Por esos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto Jesús salió del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu descendía sobre él como una paloma. Y desde los cielos se oyó una voz que decía: «Tú eres mi Hijo amado, en quien me complazco.» Marcos 1:4-11


El texto de hoy nos habla de Juan el Bautista, aquel que anunció a Judea y Jerusalén que el Hijo de Dios había entrado en el mundo como Hombre, en la persona de Jesucristo. El Evangelio de Marcos comienza con Jesús siendo ya adulto. En lugar de comenzar con la historia de la Navidad, Marcos presenta a Jesús al comienzo de su ministerio público, siendo bautizado en el río Jordán por su primo Juan.


Como los profetas del Antiguo Testamento que proclamaron la futura venida de Jesús, desde hacía mucho tiempo también se hablaba de Juan. Por medio del Espíritu Santo, Isaías escribió: "Una voz clama en el desierto: «Preparen el camino del Señor; enderecen en el páramo una calzada a nuestro Dios." (Isaías 40: 3). Ese era el trabajo de Juan: debía señalar a Jesús, para que toda la creación supiera que Jesús era el Hijo de Dios, enviado para salvar al mundo de sus pecados (ver Juan 3:17).


¡Cuánto necesita el mundo hoy estas buenas noticias! Hay muchos sufriendo todavía por las pérdidas que tuvieron en el 2020. Muchos que están abrumados emocionalmente, abrumados por sus circunstancias, y desesperados por su futuro. Puede que seas una de esas personas. Si es así, el anuncio de Juan en el primer siglo todavía suena cierto ahora en el siglo veintiuno: el Salvador ha venido, para ti y para mí.


Jesús cargó con nuestros dolores y aplastado por nuestros pecados. Jesús vino para llevar nuestras cargas y sanarnos con sus heridas (ver Isaías 53: 4-6). Y sabemos que esto es así porque Dios mismo dijo de Jesús: "Tú eres mi Hijo amado, en quien me complazco".


Que nosotros, así como Juan el Bautista, veamos claramente cómo el Padre celestial estaba señalando a Jesús, a Aquel que siempre está a nuestro lado.


Padre celestial, ayúdanos para que, al igual que Juan, nuestras vidas orienten a otros hacia Jesús. En su Nombre oramos. Amén.


Paul Schreiber

Para reflexionar:

  1. ¿Qué significa para ti que Jesús haya venido al mundo y esté siempre con nosotros?

  2. ¿De qué maneras diriges a otros a Jesús?

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