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¡Qué tesoro!


Juan se presentó en el desierto, y bautizaba y proclamaba el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados... Al predicar, Juan decía: «Después de mí viene uno más poderoso que yo. ¡Yo no soy digno de inclinarme ante él para desatarle la correa de su calzado! A ustedes yo los he bautizado con agua, pero él los bautizará con el Espíritu Santo.» Por esos días llegó Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. En cuanto Jesús salió del agua, vio que los cielos se abrían y que el Espíritu descendía sobre él como una paloma. Y desde los cielos se oyó una voz que decía: «Tú eres mi Hijo amado, en quien me complazco»

(Marcos 1:4,7-11)


Ayer conmemoramos el Bautismo de Jesús y me es imposible no celebrar con él el tesoro de mi propio bautismo, gracias a lo que él hizo por mí. Ese tesoro sigue dándonos sus beneficios todos los días de nuestra vida. ¿Cuántas personas te dicen todos los días que están complacidos contigo completamente porque no encuentran ninguna falta en ti? ¡Me imagino que ninguna! Yo igual. Y es que todos somos imperfectos y hacemos cosas que lastiman o desagradan a otros.


Pero en el tesoro de nuestro bautismo, el Dios Trino se nos revela y nos recrea a su semejanza. Así como cuando él pronunció su Palabra en la creación, acompañada por la presencia del Espíritu, en nuestro Bautismo la Palabra y el Espíritu Santo se unen para dar forma a una nueva creación en nosotros.


Eso quiere decir que cada día recibimos los beneficios de un nuevo comienzo, de vestirnos del bautismo de Cristo y su perfección. Entonces sí tenemos a alguien que nos dice todos los días: tú eres mi hijo amado, en quien me complazco. Ahora Dios ve a Cristo y su justicia en nosotros ¡todos los días! ¡Qué tesoro!


Señor, gracias por perdonar mis pecados y recrearme en el tesoro de mi bautismo. Reconozco que eres más poderoso que yo. ¡Yo no merezco ni inclinarme ante ti para desatar la correa de tu calzado! Gracias por hacerme hijo tuyo, en quien te complaces. Amén.


Para reflexionar:


* ¿Cómo cambia tu perspectiva al recordar que el Bautismo es puro Evangelio, y nada de Ley y que NO es un acto de obediencia que cumplimos para ganarnos el favor de Dios o para comprometernos más con él, sino que es un acto totalmente divino y un tesoro?


* ¿Cómo influye esto la forma en que vives tu vida hoy?


Diaconisa Noemí Guerra


 

© Copyright 2023 Cristo Para Todas Las Naciones

 

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