Obstáculos qué vencer para tener amigos



Existen diferentes hechos y actitudes que pueden resultar impedimentos para entablar o mantener amistades. La mayor parte de nosotros tiene amigos, o los ha tenido. Pero, con el paso del tiempo, cambiamos nuestra manera de ser, nos casamos, tenemos hijos y eso nos lleva a centrarnos en otras prioridades, lo que puede distanciarnos de nuestros amigos.


Además, conforme pasan los años, algunos tendemos a volvernos más reservados, obsesivos o individualistas. Nos hacemos más exigentes y menos abiertos, tolerantes y comprensivos; esto dificulta hacer nuevos amigos e incluso mantener los que se tienen.

Un estilo de vida sin mucho contacto social atenta contra la amistad. Si la vida que llevamos no nos proporciona oportunidades para relacionarnos y no hacemos nada por cambiarlo, la soledad será nuestra única compañía.


La baja autoestima y el complejo de inferioridad también complican las amistades. Si no confiamos en el valor de nuestros aportes, es probable que tendamos a aislarnos. Si pensamos que no valemos nada, nos resultará difícil iniciar cualquier cosa; más si conlleva "riesgos" como la amistad. Además, por más que la propuesta de relacionarnos provenga del exterior, lo más probable es que, por miedo, no atendamos la llamada o no sepamos hacerlo eficazmente.


Relacionado con la baja autoestima están los miedos. Miedo a no gustar, a no cumplir con las expectativas que creemos se tienen sobre nosotros, a no estar a la altura de las circunstancias. Miedo a que si se nos conoce a fondo, no se nos quiera y se nos abandone.


La falta de habilidades comunicativas dificulta el diálogo, el conocimiento y las posibilidades de compartir una amistad. Decir lo que se piensa no es el problema, generalmente, sino la forma en que se lo dice. La clave para expresarnos con libertad y sinceridad, sin herir ni menospreciar, es ponerse en lugar del otro.


En ocasiones, las distancias físicas generan distancias emocionales. Esto puede resultar un obstáculo para mantener la amistad. Por ejemplo, una mudanza, un cambio de residencia, puede alejar a los amigos. Los contactos personales y las llamadas telefónicas se van espaciando, se comparten menos actividades y la relación se va enfriando.


Una actitud que contamina las relaciones es creer que lo damos todo, que siempre estamos a disposición del otro y, por tanto, esperamos todo de los demás. Así exigimos toda la atención, todo el tiempo, y todas las muestras de afecto de nuestros amigos, llegando a cansarlos. Además, en una verdadera amistad no se da para recibir cual si fuera una relación comercial.


Otra actitud que impide las relaciones afectivas sinceras es pretender tener siempre la razón, conducirse de forma altanera, intolerante o mezquina. ¿Quién quiere ser amigo de alguien que “se las sabe todas”?


Para finalizar este inventario de impedimentos para la amistad, mencionamos la frialdad, tanto en el campo verbal como en el gestual. La falta de emotividad, de acercamiento, de un abrazo, de una caricia, enfría cualquier relación interpersonal.


Puede ocurrir que algunas de las características nombradas recientemente sean parte de tu vida. Quizá el carácter no te ayude o tal vez seas demasiado desconfiado, temeroso, o inseguro. Lo importante es no encerrarse en ideas destructivas y prejuiciosas. No crear un mundo distante, frío, agresivo.


Un gran paso para concretar amistades es precisamente dejar de vivir ese mundo de desesperanza. Hay que abrirse a los demás, intentar ser buenos colaboradores, actuar con voz de aliento, de esperanza. De esta manera existirán cientos de oportunidades para hacer amigos.


Si ves que en tu vida existen impedimentos para concretar o mantener amistades, sería bueno que hagas algo para cambiar tu situación. Puedes animarte y proponerte cambiar. Ármate de coraje, abre tu corazón e inicia conversaciones genuinas con otras personas que seguramente posibilitarán amistades nuevas e inesperadas. También puedes buscar ayuda en otras personas que te rodean, pedir sus opiniones, sus consejos. Puedes buscar ayuda especializada asistiendo a alguna terapia psicológica. Y también puedes buscar ayuda espiritual acercándote a alguna iglesia. Decide cuál es la mejor opción para ti y anímate a realizar los cambios correspondientes para disfrutar de la amistad.



Extraído del folleto “Cuenta Conmigo”, Cristo Para Todas Las Naciones, Argentina



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