Cómo nos afecta el miedo



El miedo afecta nuestra persona tanto física, emocional como espiritualmente. Cada vez que experimentamos temor es señal de que algo sucede en toda nuestra persona. Muchas veces nos resulta difícil identificarlo y finalmente lo reconocemos a través de las consecuencias que trae a nuestra persona. De ahí la importancia de conocer las reacciones que provoca el miedo y ver la manera de enfrentarlo.


El miedo distorsiona nuestros pensamientos. Esta distorsión significa que uno ya no es capaz de razonar ni ser razonable frente a la vida. El miedo es tan amenazante que los pensamientos y las percepciones dejan de ser confiables.


El miedo puede destruirnos físicamente. Se ha comprobado que el 80% de las personas que ingresan a los hospitales con paros cardíacos sufren de algún grave problema emocional. La verdad es que las emociones, los pensamientos y el cuerpo están tan entretejidos que lo que afecta un área también afecta las demás.


“No existe mal que dure cien años”, versa un dicho popular, que nos enseña que ningún mal es perpetuo. Pero existen males, como el miedo, que pueden durar toda nuestra vida si no hacemos algo al respecto. Ante esta situación no nos queda otro remedio que someternos a sus deseos o entablar con él una lucha continua a fin de vencerlo.


El apóstol Pablo afirmó “A todo puedo hacerle frente en Jesucristo quien me fortalece” (Filipenses 4”13). Por eso, si nuestro miedo surge a partir del desconocimiento del futuro y de la inseguridad que esto nos produce, sabemos que en Jesucristo tenemos esperanza en la resurrección de los muertos y en la vida eterna y fe para enfrentar con seguridad las circunstancias que nos tocan vivir y amor para vencerlo.


Si nuestro miedo surge a partir del temor a no poder satisfacer nuestras necesidades, en Dios podemos hallar la solución. La Biblia dice “Si Dios no nos negó ni a su propio Hijo sino que lo entregó a la muerte por todos nosotros, ¿Cómo no habrá de darnos también, junto con su Hijo, todas las cosas?” (Romanos 8:32).


Y si nuestro miedo surge a partir del temor que nos produce las diferencias que tenemos con otras personas, confiemos en el amor de Dios. Él nos ama a todos y nos acepta como somos. Y en su amor las diferencias no producen temor, sino que nos ayudan a crecer. Jesucristo ha vencido el mal y todas sus consecuencias. Confiar en Él significa poder enfrentar los males y tener, por medio del Espíritu Santo, la fuerza necesaria para superarlos.


Extracto del eBook Los Miedos / Vivenciar.net


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